martes, 16 de noviembre de 2010

Madrid.

Esa gran ciudad que se extiende bajo nuestros pies, con su capa de contaminación, altos edificios, metro, autobuses, millones de coches al día, accidentes, mañanas frías (y tardes heladas que probablemente me coja un resfriado por una tarde fría de Madrid), monumentos, parques, pulmones verdes, museos, lugares de ocios, pero lo que realmente forma Madrid son las personas que viven, más bien, vivimos en la gran ciudad. Personas diferentes y polifacéticas, depresivas y alegres, y entonces me doy cuenta de que la ciudad se puede observar de distintas maneras, todo depende de la forma en que cada persona tenga de ver la vida. Se podría decir que hay días rosas, grises, negros, rojos... pero en realidad no, simplemente hay días alegres, tristes, otros días en los que simplemente te quieres morir, o prefieres un tierra trágame... y dependiendo de tu día, la ciudad te parecerá más o menos iluminada, más amable, con gestos mejores y en los que parece que una gran armonía te rodea y simplemente puedes sentirte feliz, porque todo es perfecto sin un motivo concreto simplemente por el simple hecho de la felicidad de vivir en esta ciudad, conocer a esta gente, andar por estas calles, y respirar este aire putrefacto pero que sientes como tuyo. Esto es Madrid. Unos años ya vividos, una vida que te queda, las relaciones que te encuentras por tu camino a lo largo de la vida, los encontronazos con la gente conocida y desconocida, cabreos, desilusiones, lágrimas, esfuerzo, dolor y muchos corazones rotos. 







En esta ciudad también podemos encontrar la autoescuela con los queridos test y el oberbuquin que se produce en la Classic, si es que no puede ser tan popular, que la gente tiene que sentarse en los pasillos para que podamos entrar, y yo como siempre liandola: voy cruzo las piernas y de repente se apagan los ordenadores de la mesa, como veo que no va voy  a decírselo a la chica y viene y le da al interruptor, que los había apagado. Si es que se ve que no manejo el interruptor de los enchufes que le dan la vida (corriente) a los ordenadores. 





Aparte de eso un día normal, más que corriente diría yo, sin nada que comentar. Esperemos que mañana sea un día más interesante.

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