viernes, 15 de junio de 2012

Finales alternativos.

Sientes como cada poro de tu piel está expuesto a ese sol brillante de junio. Prácticamente puedes oír como se tuesta tu piel sobre esa cálida arena de la playa, la cual cuando estiras los brazos y se salen de esa toalla de tamaño estándar se te mete entre los dedos y roza la palma de tus manos con esa suave textura que sólo se puede encontrar a la orilla del mar. Puedes jugar con ese material ardiente en la capa más superior y a medida que hundes más los pies en ella, notas ese ligero frescor que hace que la piel se te erice. A ello también contribuye esa mezcla de olores suaves a crema bronceadora, a tinta de periódico recién abierto, a cerveza, a arena, a niños...en esa playa del mediterráneo que excede su capacidad en varios centenares de personas, que una simple sombrilla más posada sobre la arena haría que el mar se replegara sobre sí mismo. A pesar de todo puedes oír el suave susurrar de las olas que rompen contra la orilla y ya de paso contra miles de pies llenos de callos, juanetes y una gran variedad de hongos. Pero a pesar de todo sigues tumbada, con esa paz interior (sin que los hongos vengan a llenar tus pensamientos, ni esas pieles muertas que se quedan en el mar en el que pronto te meterás) y entonces sucede:

Elija la opción que sea más correcta (en honor a la gente que ha terminado o que sigue de exámenes):

a) Para estropear ese halo de paz en el que te encuentras llega una misteriosa pelota de Nivea (azul, de tamaño estándar, esa que todos hemos tenido alguna vez en nuestra vida) y a falta de cabezas en la playa te cae a ti en toda la cara despojándote de la poca dignidad que te quedaba después de que alguien te hubiera embadurnado de crema y parecieras un Kalise de nada de esos que nos debe Iniesta. 

b) Viene una querida amiga china para darte un masaje y crearte una contractura que no tenías o, en su defecto, para toquetearte los pies pulsando en los puntos claves para que te quedes ciego, o (tercera opción, y no menos importante) para hacerte un tatuaje de henna por el cual se avecina una tarde en urgencias, por una reacción a esa "tinta" que te ha puesto, y medio verano sin poder exponer esa parte de la piel al sol. En conclusión: no te fíes de os chinos, en realidad no sabes lo que sienten, no gesticulan tanto como tú. 

c) Se acerca un chico/ señor de 40 años con un Lotus de unos 100 euros en la muñeca preguntándote la hora. 

d) Pasan unos adorables niños corriendo al lado de tu toalla y te llenan los ojos/ nariz/ cuerpo entero de arena sin ningún temor y seguro que el que vaya el último acaba pisándote el pie porque va rezagado y cree que sus amigos le dejarán muriéndose en la arena que le rodea. 

e) Te despiertas  de tu siesta playera a los gritos de: " A 5 euros, señoras. Bikinis buenos y bonitos. Para la señora y el caballero, Para las rubias y las morenas. A 5 euros guapas" o "¡Medusas, medusas! ¡La gente está pescando medusas!" Cosa que nunca he entendido, porque o yo soy muy corta o la gente se aburre demasiado, pero yo si veo una medusa en el mar lo que hago es salir corriendo como si viniera un tsunami y no me dedico a pescar que medusas. Que mi pregunta es: ¿Para qué las quieres? ¿Qué haces luego con ellas? ¿Las vuelves a soltar o te las llevas a casa para que tu perro la adopte de mascota? ¿Y si las sueltas, para que las coges? Es de doble de trabajo. Con lo bien que están allí ellas dejándose llevar por la corriente. Déjales vivir a los pobres animalicos. 


jueves, 10 de mayo de 2012

Experiencia.

Queridos, lo que os voy acontar hoy se llama experiencia y no eso que te enseñan en las autoescuelas. Y sí, es real, que luego algunos os sorprendéis pero por lo menos no me ha pillado en medio de una autopista con millones de coches pasando de mi cara de sufrimiento.


Os pongo en situación: 


Un jueves, último jueves en el que hemos acabado nuestro último examen de unas dos horas escuchando y leyendo en inglés sin descansos ni nada, ¿para qué si eso es de cobardes? El caso, comida de despedida. 
Salimos de comer, después de un primero enorme y un segundo sustancial, cuatro botellas de agua bebidas, más el postre. Nos acercamos al coche planeando el verano, nos metemos al coche y... SORPRESA: el coche no arranca. 


Todo esto en medio de un polígono en el que tenemos dos concesionarios, uno de ellos cerrado. A unos 30 grados a la sombra, todos empachados y con unas ganas de una siesta increíbles.Imaginaros a todo esto cinco personas dentro de un polo de 5 puertas, aplastadísimos y con los cinturones quemando como si los hubieran sacado de la parrilla del restaurante. 


Después de intentar arrancarlo unas  10 veces llegan las llamadas de teléfono, las caras de desesperación (sobre todo por mi parte porque era mi coche y estaba muy lejos de casa), arrancando, mirando en los interiores del motor... Como vemos que no hacemos nada porque somos unos paquetes pedimos ayuda  a  la muchacha del concesionario más cercano y (muy maja la chica) nos trae una pinzas. Tres horas para poner las pinzas, se van , vuelve, se vuelven a ir, vuelven a venir y a todo esto arrancamos por fin. 



 

Este es el proximo coche que me voy a comprar y un gorro azul a juego.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Sencillo.

Puede que no seamos iguales y es bastante obvio que no lo somos. No quiero decir que no podamos hacer las mismas cosas, pensar igual sobre determinados temas, ser igual de inteligentes o sentir las mismas cosas.


Igualdad, respeto... son palabras que quedan muy bonitas cuando se dicen pero yo no las veo por ningún sitio. Todavía sigue habiendo personas que tratan a los demás como trozos de carne, ya sean hombre o mujeres, me da igual. Mujeres que piensan que todos los hombres son iguales, que no pueden tener sentimientos, que no pueden ser fieles. Y no digo que no los haya, que los hay y no hace falta que nos lo diga nadie. Pero no son sólo hombres, también hay mujeres que no son fieles, que no quieren tener una relación estable, que tienen miedo al compromiso. Pero eso no les hace ni mejores ni peores, simplemente son personas que tienen otra concepción de la vida, otra forma de pensar, otra forma de vivir la vida. Es igual que los gustos de las personas, a cada uno le gusta una cosa: a unas la playa y a otras la montaña, algunas prefieren el dulce y otras el salado, personas que no pueden vivir sin salir de fiesta y otras que salen una vez al año. Pero eso no significa que unos sean superiores que otros, simplemente diferentes. Y es mucho mejor que seamos diferentes, sino menudo caos se podía montar. No podrías encontrar personas que te cayeran bien o mal, con las que congeniaras más o menos. 


Ya no es cuestión de educación, es saber respetar a los demás, con sus gustos, sus defectos y  sus virtudes. No hace falta ni que estés cerca de esa persona, simplemente déjala vivir. Igual que puede haber amigos que sean uno de Madrid y otro del Barça (más emoción en los clásicos), no hace falta llegar a ese odio extremo de no querer que la otra persona no exista. Simplemente déjala vivir. Si todos nos dejáramos un espacio todo sería más sencillo. Podemos vivir nuestra vida como nos apetezca sin necesidad de amargarle la existencia al resto del mundo.



domingo, 22 de abril de 2012

El viento es tan fuerte que puede empujarte, Tan suave que puede acariciar una flor. Tan cálido que puede quemar. Tan frío que puede dejarte gélido. Sea como sea, molesta, y en alguna que otra ocasión una simple brisa puede traer consigo grandes recuerdos. Y tan rápido como vienen se van. 


miércoles, 21 de marzo de 2012

Miedo.

Son dudas que me asaltan sin ninguna explicación concreta pero que están ahí. Y el otro día me asaltó una que no quiere abandonarme. Y como se lo digo a  la gente y me miran raro y no tengo fuentes que me informen exactamente de lo que pasa suelto la pregunta a ver quien quiere contestarme: ¿Por qué los congeladores no tienen luz? No lo entiendo. ¿Qué pasa que son inferiores que la parte de arriba de la nevera? ¿Qué no puede apetecerte un helado a las 3 de la mañana y no tener que encender la luz? ¿Acaso no se buscaría mejor en esos cajones minúsculos, en los que cuando sacas algo no puedes volver a meterlo, y está todo tan sumamente envuelto que o lo desenvuelves o no sabes si es una morcilla de burgos o un bacalao? 


Y otra cosa muy importante ¿Por qué cuando está tu madre en casa la nevera se llena tanto que si la abres tienes que hacerlo con un casco de albañil para no abrirte la cabeza con los botes que se suicidan de las puertas? NO se vosotros, pero yo cuando veo la nevera tan llena me agobio, quiero que se vacíe y entonces, ¿qué hago? ¿comer? No, hago que los demás coman. y luego en mi familia quieren hacer dieta, pero es la pescadilla que se muerde la cola, si ellos no dejan de comprar y de llenar la nevera no se deja de comer y si se come se compra. Mala solución.
Este agobio mío explica claramente el echo de que una nevera de  piso de estudiantes esté bajo mínimos, no es porque nos de pereza ir a comprar (que también) sino porque no queremos que nos tengan que poner puntos por un bote de ketchup. Madres del mundo, esta es la verdadera razón, escuchadnos: VIVIMOS CON MIEDO. 


 

Entiendo que me toméis por una loca con mucho tiempo libre pero qué queréis que os diga son dudas  que me asaltan.



miércoles, 7 de marzo de 2012

Detalles.

La ciudad, ese lugar grande, lleno de gente, de tráfico, de olores, de miradas... caos para aquellas personas que no están acostumbrado a ello y lo cotidiano para todos los demás. Cada día, cuando salimos de casa, nos encontramos sumergidos en una marea de gente que se mueve sin mirar demasiado a su alrededor con un destino determinado, un objetivo fijo al que tienen que dirigirse en un tiempo específico. Esas personas que no se miran entre sí, que simplemente se sumergen en su mundo hasta llegar a su destino. Absolutamente mareas humanas que te pueden arrastrar si no opones resistencia. En el mismo momento que te encuentras en una gran avenida rodeada de gente prueba a pararte, ¿qué ves? Seguramente lo primero que observes es gente agobiada dirigiéndose al trabajo, al colegio, al médico, de compras... Solas o acompañadas (qué más da). 
Pero... fíjate mejor, entonces empezarás a ver, ya no sólo personas, empezarás a fijarte en su forma de caminar, de actuar, de lo que podrás deducir si está nervioso, si tiene prisa, si está escuchando una canción que le entusiasma (delatado por ese movimiento que hace con el pie o con los dedos de su mano derecha). 
Todavía más cerca, entonces es cuando se ven cosas mucho más allá, si te paras a observar a una persona durante unos cuantos segundos puedes observar su gesto, su mirada, si está contento, si tiene una mirada triste, si esa mirada se dirige a uno de sus acompañantes, si esa mirada es de amistad, de amor, de rabia, de alegría, de sorpresa..., si no está mirando a alguien que va con él pero su mirada se cruza con la de otra persona.Todo esto son pequeños detalles, en esos en los que no nos fijamos durante nuestra vida cotidiana. Pasamos por la vida, por la calle, por nuestro alrededor sin darnos cuenta de esos pequeños detalles que son insignificantes pero, a la vez, nos pueden decir tantas cosas. Ya no sólo es cuestión de observar a desconocido, sino de personas cercanas a ti que con una simple mirada, un gesto puedes saber lo que quiere, lo que le pasa, cómo se encuentra, si te necesita... 
Detalles que no siempre valoramos pero que están ahí y de los que, en el fondo, están formados la vida. De esos pequeños detalles que nadie valora pero que todo el mundo necesita.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Complejidad.

Somos complicadas, extravagantes, contradictorias, retorcidas... Decimos lo que no pensamos y pensamos lo que no decimos. A veces cuando decimos "no" queremos decir "sí", otras veces decimos exactamente lo que queremos decir. Podemos ser claras, directas, cortantes, amables, falsas. Muchas veces no decimos "te quiero" cuando queremos decirlo, nos arrepentimos de muchas cosas que hemos hecho y de otras muchas por no haberlas hecho. Algunas pecamos de inferioridad, otras de superioridad. Otras piensan que los hombres son más sencillos que el mecanismo de un reloj de arena (discrepo). Gritamos mucho cuando hablamos. Nos insultamos, nos elogiamos, nos criticamos. Cuando queremos guardar un secreto, podemos. Creemos que podemos confiar en nuestras amigas sin que ellas nos fallen y esperamos que ellas hagan lo mismo. Hablamos, hablamos mucho, hablamos demasiado, de echo, pero no es cuestión de lo que digamos, de la cantidad de palabras que utilicemos, de nuestro volumen a la hora de hacerlo. Cuando hablamos no sólo esperamos que os fijéis en lo que decimos si no también en lo que queremos expresar, muchas veces con una simple mirada se puede saber bastante más de lo que pueden decir miles de palabras. No es cuestión de lo que se dice es cuestión de lo que nos callamos, aquellas cosas que no decimos pero que otra mujer en seguida capta. Eso que no nos atrevemos a decir, que no queremos, que por cualquier cosa nunca va a salir de nuestros labios. 
No es cuestión de escuchar es cuestión de observar. De mirar más allá de lo simple, de lo sencillo, de lo que todo el mundo puede oír. De lo que todos pueden deducir. Nosotras siempre vamos un paso más lejos. 
Y sí, nos gusta improvisar, actuar, sin pensar en lo que puede pasar. Pero justo en esa milésima de segundo pensamos en todas las consecuencias, todos los daños colaterales, todo lo que conlleva. Nos gusta llamar la atención pero no nos gusta que todos nos miren. Queremos que nos digan cosas bonitas pero no queremos que nos digan lo que queremos oír. Queremos vivir el momento y pensar en el futuro. Nos gusta el calor, pero también el frío. La noche, pero también el día. 
Somos mujeres, somos personas, somos complejas. Y precisamente por ser personas nunca vamos a tener un manual de instrucciones para falicitarnos la vida.