No es cuestión de escuchar es cuestión de observar. De mirar más allá de lo simple, de lo sencillo, de lo que todo el mundo puede oír. De lo que todos pueden deducir. Nosotras siempre vamos un paso más lejos.
Y sí, nos gusta improvisar, actuar, sin pensar en lo que puede pasar. Pero justo en esa milésima de segundo pensamos en todas las consecuencias, todos los daños colaterales, todo lo que conlleva. Nos gusta llamar la atención pero no nos gusta que todos nos miren. Queremos que nos digan cosas bonitas pero no queremos que nos digan lo que queremos oír. Queremos vivir el momento y pensar en el futuro. Nos gusta el calor, pero también el frío. La noche, pero también el día.
Somos mujeres, somos personas, somos complejas. Y precisamente por ser personas nunca vamos a tener un manual de instrucciones para falicitarnos la vida.