martes, 15 de octubre de 2013

Confesiones.

Hoy te quiero confesar que ya rompí las cadenas, que a pesar de que tu olor siga latiendo debajo de mi piel y tus aliento siga clavado detrás de mi oreja ya no voy a sufrir más. Ya me cansé de llorar, me cansé de tus indecisiones, de nuestros nombres a medias y de nuestros besos sin nombre. No hace falta que digas nada, ni siquiera espero que levantes la cabeza para ver cómo me voy. No tendrías valor para dejarme marchar porque en esta relación sin nombre ni sentido el tira y afloja que mantenía nuestro equilibrio se rompió con tus secretos.

No fueron suficientes tus susurros al oído ni tus dedos en mi espalda porque el abismo que se abría entre nuestros dos cuerpos, aún estando en la misma cama, era demasiado profundo. Si miraba hacia abajo sentía vértigo y buscaba tu mano para que no me dejaras caer pero ya nunca estabas presente. 
Esos cafés por la mañana ya no eran tan calientes y los besos que me dabas no parecía el presente, sabían a recuerdo. A recuerdos dolorosos por ser los más felices. 

Así, dejo que el aroma de mi cuerpo se marche por el balcón desprendiéndose lentamente de mi pelo. Ese pelo del que antes sólo te colgabas tú y tus deseos. Ese deseo que ahora solamente lo encontramos si miras debajo de la cama, entre polvo y madera trabajada. 

Esta mañana triste de invierno me despido de ti con una nota al lado de tu almohada, un beso en la frente y una caricia en la mejilla. Te dejo el café preparado porque sé como te gusta ese olor recién levantado. Me enfundo las botas, el abrigo y una sonrisa triste. Y así, sabiendo que te quise, comprendiendo que no te volveré a ver, cierro la puerta lentamente y poco a poco dejo que mi recuerdo se venga conmigo. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Sin grandes títulos.

Una noche cerrada y fría, una de esas en las que ni siquiera la luz de la luna ilumina el inerte asfalto. Una bolsa de plástico se deja elevar por el gélido aire de invierno, ese que te cala hasta los huesos. Tiene ese movimiento lento, fluido de aquellas cosas que no sienten, que simplemente se dejan llevar. Pero, entonces, se para. 

En medio de esta calle sombría se distinguen unas sombras, aquellas que han parado el movimiento dulce que aquel trozo de plástico. Sus pasos son pesados, como si llevara todo el peso de la vida encima de los hombros. Unos pasos vestidos con unos zapatos descoloridos y cubiertos de desesperación. Parecen los andares de una persona mayor, una de esas en las que se puede leer la sabiduría en sus ojos y sentir el trabajo en el tacto de sus manos. Sin embargo, es una persona joven aunque la edad es tan relativa que es difícil de determinar. Se podría decir que no es una persona mayor pero la vejez de su alma se nota en sus raídas ropas empapadas de tristeza. Los hombros caídos, la mirada vacía y, si no fuera por ese vejo traje, juraría que se podrían contar cada uno de sus huesos.

De repente unos pasos ligeros se oyen al final de la calle. Desde el otro extremo ya se puede sentir la alegría, la esperanza, la felicidad. Se acercan corriendo hasta la figura del hombre desgastado y a la luz de la farola se le ve. Un niño pequeño, con el rostro sucio pero aún así con ese halo de esperanza que todos los niños llevan encima. Con una sonrisa enmarcando esa frágil inocencia. 

Entonces sucede. Unos minutos de silencio, un silencio pesado y cortante. El niño mira al hombre, sin embargo este parece no querer observarle. Poco a poco toda su desesperación se acumula en su mirada y forma un pequeño lago de tristeza. Y así, convirtiéndose el niño en hombre y el hombre en niño, la mano de la esperanza recoge a un hombre destruido en su mano diminuta y le dice:
- Tranquilo, papá, que seguro que esta noche encontramos un sitio mejor donde dormir.

martes, 10 de septiembre de 2013

Esos días

Esos días en los que un ser invisible te oprime el pecho, esos en los que te hundes en el sofá como si tuvieras arenas movedizas debajo de ti sin ninguna cuerda a la que poder aferrarte para no hundirte. Esos en los que nada sale bien, todo sale al revés y cuando intentas arreglarlo solo sirve para descubrir que lo estás haciendo lo peor posible.

 Necesitas al silencio como único compañero en una habitación oscura donde la única luz que refleja tu rostro es la del ordenador que tienes delante y solamente porque escribir es el único antídoto para toda esta tristeza acumulada y sin sentido. Ni siquiera te sale la voz pero a pesar de todo es el momento en el que más personas encuentras en tu camino, en tu vida, vienen a buscar tu ayuda y tú la prestas, la ofreces, la regalas ocultando que en realidad el pozo del que intentas salir no tiene una luz que te indique la salida, ni pequeña ni grande. Todo negro.

 La única solución a estos días es la música, las letras y la cama. Esperar a que pase rápido lo que queda y amputar ese pie izquierdo con el que te has levantado por la mañana.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Errores

Hoy me he dejado los complejos encerrados en casa, en esa habitación que he dejado atrás, justo al lado de la ropa tirada por el suelo y los tacones que no aguantan ya mi peso. Es el peso de la culpa, esa culpa que he decidido enterrar entre las sábanas, aquellas donde también te he abandonado a ti con ese ligero aroma a café que desprende tu piel por las mañanas. 

Hoy salgo libre a la calle, sin maquillaje, sin tacones, sin faldas estrechas ni grandes escotes, simplemente me llevo a mi misma. Esa persona compleja que busca cualquier excusa para entregarse en unas pocas líneas que a veces tardan en salir pero que sigue siendo feliz con el simple hecho de escribir, que disfruta con los pequeños placeres como recibir una carta escrita a mano o con el olor a café por las mañanas. La misma persona que tiene los pies fríos en pleno verano y que no es capaz de mentir, que a veces prefiere estar sola para encontrarse mejor a sí misma o simplemente para disfrutar de la melodía de la soledad. Aquella que no es capaz de verbalizar todo lo que siente y que muchas veces no sabe qué decir, qué hacer, qué sentir pero que siempre sabe escuchar. 

Y así, perdida en medio de la nada o de aquel gran todo es donde pretendo encontrarme a mi misma porque quizás todos esos defectos son los que conformen a las personas, somos un cúmulo de errores demasiado bien colocados. Errores que se conocen, se evitan pero siempre quedan allí porque de los errores se aprende, se intenta huir, pero de los errores, de esos errores llamados defectos, son de los que de verdad nos enamoramos. 

miércoles, 28 de agosto de 2013

Rimel corrido y poco maquillaje

Estoy en la barra de un bar oscuro, de esos donde solo se sirve whisky con hielo y alguna que otra ginebra. Sola, como de costumbre. Intentando olvidar que llevo un vestido demasiado corto para estos taburetes y el pelo demasiado despeinado para estar en la calle. Pero, ¿qué se puede pedir después de una huida?

He querido huir de mi misma, he querido correr más rápido de lo que estos tacones me permitían para poder escapar, pero entonces es cuando me he dado cuenta de lo absurdo de la situación y me he metido en este sórdido bar para refugiarme de la lluvia. Por lo menos es un bar de personas solitarias, ellas no me juzgan, ni siquiera han levantado los ojos de su copa para observar quién entraba por la puerta. eso me consuela, por lo menos así no me tengo que esconder. 

Entonces me doy cuenta. Una lágrima ha caído en mi vaso de whisky con hielo, ¡qué locura!, a mi que ni siquiera me gusta el whisky. Pero en el fondo bebo para aclarar mis ideas y parece que en las grandes películas, esos clásicos en blanco y negro, funciona lo del whisky.

Me miro los pies, con esos tacones destrozados, y entonces me acuerdo de por qué he llegado hasta aquí. Lo último que recuerdo es que yo te mordí el cuello y tú me mordiste el corazón. Yo que te dije que no te enamoraras, que esas cosas no funcionaban conmigo. Entonces ese escalofrío recorrió mi espalda y me asusté. Y así, sin mediar palabra, con un beso en la mejilla y el deseo clavado en los ojos, empecé a correr. Y allí te abandoné, en medio de aquel callejón sin salida que nunca contará ninguna historia y con el asfalto como único testigo de mi flaqueza.

Puede que sea una de las peores cosas que he hecho en mi vida, pero acostumbro a huir cuando siento que algo de verdad puede herirme. Algunos pensaréis que huir es lo fácil. Mentira. Después de la huida vienen las llamadas, las preguntas, los reproches. Quizás estoy acostumbrada a esos amores que no dejan heridas, a aquellos que en realidad no dejan huella en la piel ni en el recuerdo. Aquellos que tal como vienen se van sin una despedida, sin promesas sin mentiras ni verdades, sin palabras. Con marcas de dientes en el culo y deseos incontrolables. No son mejores, quizás. No son los que nos prometen de pequeñas, lo siento pero hace demasiado que dejé de creer en los príncipes a caballo. No son eternos. No puedes esperar grandes conversaciones ni que te cambien la vida trascendentalmente porque no lo vas a conseguir. pero sabes que no volverán, que ni siquiera se asomarán por tu vida, que no tendrás que volver a enfrentarte a ellos, que ni siquiera vana a remover los cimientos de tu presente. 

Pero ¿y ahora qué? Ahora que recuerdo el olor de tu piel cada vez que cierro los ojos, que siento tus labios cada vez que beso a otro hombre, que siento tu tacto con el roce de otros dedos. Algunos lo llaman amor yo todavía estoy buscando un nombre menos doloroso. 

jueves, 15 de agosto de 2013

Precipicio

Tienes miedo, miedo a avanzar a mirar por el retrovisor y observar todo tu pasado, todas las malas decisiones y todos los errores que te han hecho caer tantas veces.
Miedo a dar un  pequeño paso y caer directamente al vacío sin nadie que te levante al final, sin una colchoneta de seguridad esperándote abajo y ni una sola rama con la pequeña esperanza de que un mísero hilo de tu ropa se enganche en ella para salvarte. Ya no por que te lo merezcas o porque alguien quiera que así pase sino por mera casualidad. 
Has dejado de creer en esas casualidades que antes veías cada vez que cruzabas cada esquina y que, sin motivo alguno, te hacían más feliz. "Las casualidades pueden ser el motor de la vida y de la felicidad" te decías al salir de casa. Pero ya no sientes, ya ni siquiera padeces por su ausencia, ahora todo da igual, todo deja de tener sentido sin esas sorpresas que te deparaba la vida. Ahora solo queda la certeza de que no va a suceder nada fuera de lo normal. Tu vida será gris y sombría, sin sobresaltos, sin sorpresas, en definitiva, sin una chispa que te pueda iluminar el rostro con una sonrisa inesperada.Una de esas sonrisas que de verdad cambian la cara de las personas, que hacen que el mundo se sienta contagiado por una felicidad ajena y que aunque no sea tu felicidad haga que el mundo parezca un mundo un poco más amable. Una felicidad sencilla, sin ninguna causa, simplemente felicidad. Esa que llega de una forma sencilla y te pellizca el corazón pero de la misma manera rápida e indolora se va, se esfuma y no queda ni siquiera su recuerdo. Como una foto quemada por el fuego, ya no existe y el recuerdo de esa imagen se va distorsionando a través del tiempo, cambia, muta. Porque un recuerdo nunca permanece tal y como sucedió siempre tendemos a modificarlo desintencionadamente, así todo se magnifica y parece que hemos vivido la vida de una forma más intensa, más visceral y menos racional. Autoengaño, así es como lo llamo yo a lo que otros llaman modificación de los recuerdos. nos gusta creer que hemos tenido una vida plena y feliz o desgraciada y e infeliz pero a nadie le gusta decir (ni escuchar) que se ha tenido una vida monótona, gris e insípida. Por eso antes de caer (o tirarnos) al precipicio debemos colorear nuestra vida de algún color. Podemos escoger el que mas nos guste ya sea negro o amarillo pero nunca dejéis de colorear la vida cada día, cada instante, cada momento porque al final de todo a otros oídos les gustará escuchar historias de vidas coloreadas ya sea de un solo color o de un arco iris entero.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Adicción.

El mundo se derrumba a tu alrededor, todo se desmorona poco a poco. Ves como todo cae, todo se desvanece. Cada milímetro que desaparece y cada gramo de vida que se va por el desagüe. Cada estúpido movimiento que no ha sido capturado y cada momento que, de alguna manera, has dejado correr. 

Y, sin embargo, tú permaneces impasible en medio de aquel caos de mundo que gira deprisa. Permaneces estática e impasible como un muro de cemento viendo como las personas vienen y van, pasan con un rumbo fijo. Aparecen y desaparecen de tu vida. Tú, como si nada, como si el aire no te enredara el pelo y el frío no te congelara las extremidades. Como si el tiempo se parara y se hubiera congelado en medio de tu cara esa sonrisa de mármol. Una sonrisa que si te preguntan sabes que no sabrás justificar pero que, sin embargo, no puedes evitar. Esa sonrisa de saber que quizá no sabes la persona que eres pero al menos no te estás convirtiendo en la persona que no querrías ser.

Porque al fin y al cabo todos acabamos conviviendo con una persona de la que conocemos sus defectos y virtudes, sus manías, sus costumbres, su carácter y su bondad. Queremos a esa persona y nos aferramos a ella como a un clavo ardiendo sabiendo que si nos alejamos de ella todo se acabará. Intentamos cambiarla y, en muchas ocasiones, lo conseguimos. Pero al final, realmente cuando estemos derrumbándonos como el mundo que nos rodea estaremos más cerca que nunca de esa persona a la que realmente tenemos que cuidar: nosotros. 

domingo, 17 de febrero de 2013

Ingenuos.

Somos tremendamente ingenuos al pensar que somos capaces de retener el agua entre las manos con la esperanza de que no se resbale entre nuestros dedos.
Ingenuos cuando creemos que al pisar la arena en la orilla de la playa, esta va a permanecer debajo de nuestros pies. 
Ingenuos al intentar creer que podemos luchar contra el tiempo, contra la vejez, contra la muerte. Nadie quiere morir pero es más duro vivir teniendo presente siempre la certeza de la muerte que disfrutar sin más de lo que te puede ofrecer cada día.
Ingenuos al pensar que podemos esquivar los sentimientos. Que nuestra coraza permanecerá impasible a pesar de todos los que quieran derribarla. Al final se abrirá una grieta por un lugar u otro y caerá.
Ingenuos porque creemos que podemos solucionar los problemas de los demás pero en realidad no sabemos cómo manejar nuestros propios problemas ni nuestra propia vida. 
Ingenuos al creer firmemente que podemos cambiar a las personas. Al afirmar para nosotros mismos que no ha cambiado porque no nos ha conocido. Pero en realidad sabemos que las personas no cambian, o aprenden a mentir mejor o actúan como sabe que se espera de ellos.
Ingenuos cuando tenemos la esperanza de que podemos manejar la lluvia, el sol, el viento. Que podemos mover montañas y podemos parar planetas. 


viernes, 26 de octubre de 2012

Primera lección: aprende a andar.

Tienes que ser fuerte, dicen, enfrentarte a todas las dificultades, aprender a levantarte después de cada tropiezo. Andar con la cabeza bien alta pero no ser orgullosa. No permitas que te pisen pero tampoco lo hagas con los demás al avanzar

Avanzar. Lo tienes que hacer para poder sobrevivir en este mundo, esta selva de cemento,  en el que detrás de cada edificio se encuentra un león acechando por si te flaquean las fuerzas. Diariamente te evalúan, te juzgan, te critican, te analizan pero a pesar de todo tienes que ir siempre con una sonrisa como un gran escudo para no demostrar esas grietas a través de las cuales te pueden atacar. 


Ten mucho cuidado con lo que sientes y en las personas en las que decides confiar porque detrás de cada cara bonita, muy importante en nuestra sociedad superficial, puede haber un interior podrido. Pero, cuidado, tampoco te alejes demasiado porque esa cara te puede abrir alguna puerta que sin influencia estaría más que cerrada. Porque, en definitiva, lo que puedas ofrecer es lo de menos si no tienes una llave mágica.


Y entre todo este escenario, de realidades y de consejos, no te puedes permitir el lujo  de quedarte en blanco en medio de la tarima porque los miles de ojos que te observan cómodamente desde sus asientos, siendo espectadores pasivos de todo,  puede que decidan hacer un pequeño cameo ya sea para bien o para mal. 


Mira fuera. Es la vida, Sólo tú puedes decidir si quieres que sea un drama o una comedia. La función ya ha empezado.



domingo, 30 de septiembre de 2012

Agonía.

El mar se cuelga de mis pestañas y me arrastra. Tan sólo una mínima brisa me va a hacer caer. Me estremezco tumbada en mi cama. Esa cama que ahora me parece tan abismal, tan grande que no puedo divisar el final de mi tormento. Las sábanas se entrelazan con mis piernas y me asfixian, me atrapan. No puedo escapar. El suave crujir de la madera añeja del suelo retumba sobre mis oídos doloridos que han tenido que escuchar tu voz. Esa voz que antes me moría por oír y ahora se clava en mi cuerpo como miles de agujas sin ningún reparo en dañarme. Y sangro, sangro de dolor y sufrimiento. De lamento y agonía. Del recuerdo de ese escalofrío que me recorría la espalada cuando tus cálidos labios rozaban mi gélida piel. Y me siento vacía. Vacía y muerta. Porque te lo has llevado todo con un pequeño chasquido de esos dedos. Dedos que antes recorrían mi cuerpo y sabían protegerme en los peores momentos. Pero ahora no están. Han desaparecido. Han huido detrás de tu despedida y ese pequeño portazo y me han dejado aquí, en la cama, rota en miles de pedazos. Trozos tan pequeños que se esconden por las pequeñas rendijas que deja la luz al entrar. Tan sumamente frágiles que han desaparecido y se han ido detrás de tu olor a orgullo. Ese orgullo que ha pasado como un torbellino por mi mundo y me ha dejado agonizando y apestando a amargar tristeza. 



domingo, 23 de septiembre de 2012

Gotas.

Calor sofocante de finales de Septiembre. Ese que hace que todo se haga más pesado. La ropa veraniega no hace que se aleje de ti pero entonces, sobre tu piel desnuda, cae una gota del cielo. Una gota que es mucho más que eso, es vida, es ciclo, es poder respirar, disfrutar.
No se queda en una simple gota. Sientes como todas esas gotas que caen te devuelven la vida, renaces de tus cenizas y te sientes más viva que hace escasos segundos. Te has parado en medio de la calle. ves cómo la gente corre y se resguarda de esa primera tormenta del otoño pero tú permaneces allí, de pie, y , sin haberte dado cuenta, has abierto los brazos como intentando atrapar toda la paz del momento. 
Todo el mundo corriendo y para ti el mundo se ha parado en ese pequeño espacio de acera que tienes bajo tus pies y en ese preciso instante el tiempo no corre. Sólo se puede resumir en una palabra: paz. 

martes, 11 de septiembre de 2012

A contra viento.

A veces, y sólo a veces, la vida es como intentar avanzar montando en una BH con el viento de frente. Pedaleas lo más rápido posible pero solo avanzas los mínimos metros posibles y a cada pedaleada que das sientes que te quedan menos fuerzas y menos aire en tus pulmones y, para colmo, sientes como el frío viento cortante te abofetea la cara como un amante despechado. Ese mismo viento que a la vez, despiadado, se cuela a través de tus labios entreabiertos, traspasando esos dientes sensibles y colándose en tu garganta dolorida al querer abarcar más aire del que en realidad puedes. 
Aire que en vez de ayudarte te va consumiendo poco a poco. Entonces se empieza a reflejar en tu cara la desesperación y el agobio. En ese preciso momento, cuando más vulnerable te ves, aparece una empinada cuesta que estaba oculta por el hermoso paisaje que te rodea e intenta que te olvides de tu agonía interna.

Sientes MIEDO, miedo a no poder subir la cuesta, a no conseguir tu objetivo, al saber que nadie va a poder ayudarte porque sólo dependes de ti misma, a saber que todo depende de ti.

Y ese TODO es en realidad lo que más miedo te produce porque sabes que tanto si triunfas y alcanzar ese objetivo, como si fracasas y te dejas caer hacia atrás como una pluma que el viento fácilmente puede trasladar de sitio, será tu responsabilidad. Habrá sido el resultado de ti, de tus esfuerzos, de tus miedos, de tus intenciones, de tus actitudes, de tu coraje, de tu valentía, de tus derrotas. Y al mismo tiempo que el resultado depende de ti las consecuencias caen directamente sobre ti y las sufrirás solamente tú.Puede que cuando te caigas al dejarte caer alguien te ayude a levantarte o te cure las heridas pero tú serás la que viva con esas heridas hasta que se curen, la que convivirá con ella 24 horas y no se las podrá quitar de encima hasta que cicatricen y se olvide de ellas. Entonces, y solo entonces, tendrás el valor de volver a montar en bicicleta si el golpe ha sido muy fuerte. Al contrario, puede que nada más caer te levantes rápidamente y vuelvas a intentar subir hasta la cima. 
Si consigues hacer esto tienes que pedalear con todas tus fuerzas, olvidarte de la garganta seca, del dolor, de las heridas, del cansancio y tendrás que poner todo tu cuerpo y tu corazón para conseguir llegar a tu cima porque de una caída te recuperas pero de varias seguidas es más fácil que no te queden secuelas.

viernes, 15 de junio de 2012

Finales alternativos.

Sientes como cada poro de tu piel está expuesto a ese sol brillante de junio. Prácticamente puedes oír como se tuesta tu piel sobre esa cálida arena de la playa, la cual cuando estiras los brazos y se salen de esa toalla de tamaño estándar se te mete entre los dedos y roza la palma de tus manos con esa suave textura que sólo se puede encontrar a la orilla del mar. Puedes jugar con ese material ardiente en la capa más superior y a medida que hundes más los pies en ella, notas ese ligero frescor que hace que la piel se te erice. A ello también contribuye esa mezcla de olores suaves a crema bronceadora, a tinta de periódico recién abierto, a cerveza, a arena, a niños...en esa playa del mediterráneo que excede su capacidad en varios centenares de personas, que una simple sombrilla más posada sobre la arena haría que el mar se replegara sobre sí mismo. A pesar de todo puedes oír el suave susurrar de las olas que rompen contra la orilla y ya de paso contra miles de pies llenos de callos, juanetes y una gran variedad de hongos. Pero a pesar de todo sigues tumbada, con esa paz interior (sin que los hongos vengan a llenar tus pensamientos, ni esas pieles muertas que se quedan en el mar en el que pronto te meterás) y entonces sucede:

Elija la opción que sea más correcta (en honor a la gente que ha terminado o que sigue de exámenes):

a) Para estropear ese halo de paz en el que te encuentras llega una misteriosa pelota de Nivea (azul, de tamaño estándar, esa que todos hemos tenido alguna vez en nuestra vida) y a falta de cabezas en la playa te cae a ti en toda la cara despojándote de la poca dignidad que te quedaba después de que alguien te hubiera embadurnado de crema y parecieras un Kalise de nada de esos que nos debe Iniesta. 

b) Viene una querida amiga china para darte un masaje y crearte una contractura que no tenías o, en su defecto, para toquetearte los pies pulsando en los puntos claves para que te quedes ciego, o (tercera opción, y no menos importante) para hacerte un tatuaje de henna por el cual se avecina una tarde en urgencias, por una reacción a esa "tinta" que te ha puesto, y medio verano sin poder exponer esa parte de la piel al sol. En conclusión: no te fíes de os chinos, en realidad no sabes lo que sienten, no gesticulan tanto como tú. 

c) Se acerca un chico/ señor de 40 años con un Lotus de unos 100 euros en la muñeca preguntándote la hora. 

d) Pasan unos adorables niños corriendo al lado de tu toalla y te llenan los ojos/ nariz/ cuerpo entero de arena sin ningún temor y seguro que el que vaya el último acaba pisándote el pie porque va rezagado y cree que sus amigos le dejarán muriéndose en la arena que le rodea. 

e) Te despiertas  de tu siesta playera a los gritos de: " A 5 euros, señoras. Bikinis buenos y bonitos. Para la señora y el caballero, Para las rubias y las morenas. A 5 euros guapas" o "¡Medusas, medusas! ¡La gente está pescando medusas!" Cosa que nunca he entendido, porque o yo soy muy corta o la gente se aburre demasiado, pero yo si veo una medusa en el mar lo que hago es salir corriendo como si viniera un tsunami y no me dedico a pescar que medusas. Que mi pregunta es: ¿Para qué las quieres? ¿Qué haces luego con ellas? ¿Las vuelves a soltar o te las llevas a casa para que tu perro la adopte de mascota? ¿Y si las sueltas, para que las coges? Es de doble de trabajo. Con lo bien que están allí ellas dejándose llevar por la corriente. Déjales vivir a los pobres animalicos. 


jueves, 10 de mayo de 2012

Experiencia.

Queridos, lo que os voy acontar hoy se llama experiencia y no eso que te enseñan en las autoescuelas. Y sí, es real, que luego algunos os sorprendéis pero por lo menos no me ha pillado en medio de una autopista con millones de coches pasando de mi cara de sufrimiento.


Os pongo en situación: 


Un jueves, último jueves en el que hemos acabado nuestro último examen de unas dos horas escuchando y leyendo en inglés sin descansos ni nada, ¿para qué si eso es de cobardes? El caso, comida de despedida. 
Salimos de comer, después de un primero enorme y un segundo sustancial, cuatro botellas de agua bebidas, más el postre. Nos acercamos al coche planeando el verano, nos metemos al coche y... SORPRESA: el coche no arranca. 


Todo esto en medio de un polígono en el que tenemos dos concesionarios, uno de ellos cerrado. A unos 30 grados a la sombra, todos empachados y con unas ganas de una siesta increíbles.Imaginaros a todo esto cinco personas dentro de un polo de 5 puertas, aplastadísimos y con los cinturones quemando como si los hubieran sacado de la parrilla del restaurante. 


Después de intentar arrancarlo unas  10 veces llegan las llamadas de teléfono, las caras de desesperación (sobre todo por mi parte porque era mi coche y estaba muy lejos de casa), arrancando, mirando en los interiores del motor... Como vemos que no hacemos nada porque somos unos paquetes pedimos ayuda  a  la muchacha del concesionario más cercano y (muy maja la chica) nos trae una pinzas. Tres horas para poner las pinzas, se van , vuelve, se vuelven a ir, vuelven a venir y a todo esto arrancamos por fin. 



 

Este es el proximo coche que me voy a comprar y un gorro azul a juego.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Sencillo.

Puede que no seamos iguales y es bastante obvio que no lo somos. No quiero decir que no podamos hacer las mismas cosas, pensar igual sobre determinados temas, ser igual de inteligentes o sentir las mismas cosas.


Igualdad, respeto... son palabras que quedan muy bonitas cuando se dicen pero yo no las veo por ningún sitio. Todavía sigue habiendo personas que tratan a los demás como trozos de carne, ya sean hombre o mujeres, me da igual. Mujeres que piensan que todos los hombres son iguales, que no pueden tener sentimientos, que no pueden ser fieles. Y no digo que no los haya, que los hay y no hace falta que nos lo diga nadie. Pero no son sólo hombres, también hay mujeres que no son fieles, que no quieren tener una relación estable, que tienen miedo al compromiso. Pero eso no les hace ni mejores ni peores, simplemente son personas que tienen otra concepción de la vida, otra forma de pensar, otra forma de vivir la vida. Es igual que los gustos de las personas, a cada uno le gusta una cosa: a unas la playa y a otras la montaña, algunas prefieren el dulce y otras el salado, personas que no pueden vivir sin salir de fiesta y otras que salen una vez al año. Pero eso no significa que unos sean superiores que otros, simplemente diferentes. Y es mucho mejor que seamos diferentes, sino menudo caos se podía montar. No podrías encontrar personas que te cayeran bien o mal, con las que congeniaras más o menos. 


Ya no es cuestión de educación, es saber respetar a los demás, con sus gustos, sus defectos y  sus virtudes. No hace falta ni que estés cerca de esa persona, simplemente déjala vivir. Igual que puede haber amigos que sean uno de Madrid y otro del Barça (más emoción en los clásicos), no hace falta llegar a ese odio extremo de no querer que la otra persona no exista. Simplemente déjala vivir. Si todos nos dejáramos un espacio todo sería más sencillo. Podemos vivir nuestra vida como nos apetezca sin necesidad de amargarle la existencia al resto del mundo.



domingo, 22 de abril de 2012

El viento es tan fuerte que puede empujarte, Tan suave que puede acariciar una flor. Tan cálido que puede quemar. Tan frío que puede dejarte gélido. Sea como sea, molesta, y en alguna que otra ocasión una simple brisa puede traer consigo grandes recuerdos. Y tan rápido como vienen se van. 


miércoles, 21 de marzo de 2012

Miedo.

Son dudas que me asaltan sin ninguna explicación concreta pero que están ahí. Y el otro día me asaltó una que no quiere abandonarme. Y como se lo digo a  la gente y me miran raro y no tengo fuentes que me informen exactamente de lo que pasa suelto la pregunta a ver quien quiere contestarme: ¿Por qué los congeladores no tienen luz? No lo entiendo. ¿Qué pasa que son inferiores que la parte de arriba de la nevera? ¿Qué no puede apetecerte un helado a las 3 de la mañana y no tener que encender la luz? ¿Acaso no se buscaría mejor en esos cajones minúsculos, en los que cuando sacas algo no puedes volver a meterlo, y está todo tan sumamente envuelto que o lo desenvuelves o no sabes si es una morcilla de burgos o un bacalao? 


Y otra cosa muy importante ¿Por qué cuando está tu madre en casa la nevera se llena tanto que si la abres tienes que hacerlo con un casco de albañil para no abrirte la cabeza con los botes que se suicidan de las puertas? NO se vosotros, pero yo cuando veo la nevera tan llena me agobio, quiero que se vacíe y entonces, ¿qué hago? ¿comer? No, hago que los demás coman. y luego en mi familia quieren hacer dieta, pero es la pescadilla que se muerde la cola, si ellos no dejan de comprar y de llenar la nevera no se deja de comer y si se come se compra. Mala solución.
Este agobio mío explica claramente el echo de que una nevera de  piso de estudiantes esté bajo mínimos, no es porque nos de pereza ir a comprar (que también) sino porque no queremos que nos tengan que poner puntos por un bote de ketchup. Madres del mundo, esta es la verdadera razón, escuchadnos: VIVIMOS CON MIEDO. 


 

Entiendo que me toméis por una loca con mucho tiempo libre pero qué queréis que os diga son dudas  que me asaltan.



miércoles, 7 de marzo de 2012

Detalles.

La ciudad, ese lugar grande, lleno de gente, de tráfico, de olores, de miradas... caos para aquellas personas que no están acostumbrado a ello y lo cotidiano para todos los demás. Cada día, cuando salimos de casa, nos encontramos sumergidos en una marea de gente que se mueve sin mirar demasiado a su alrededor con un destino determinado, un objetivo fijo al que tienen que dirigirse en un tiempo específico. Esas personas que no se miran entre sí, que simplemente se sumergen en su mundo hasta llegar a su destino. Absolutamente mareas humanas que te pueden arrastrar si no opones resistencia. En el mismo momento que te encuentras en una gran avenida rodeada de gente prueba a pararte, ¿qué ves? Seguramente lo primero que observes es gente agobiada dirigiéndose al trabajo, al colegio, al médico, de compras... Solas o acompañadas (qué más da). 
Pero... fíjate mejor, entonces empezarás a ver, ya no sólo personas, empezarás a fijarte en su forma de caminar, de actuar, de lo que podrás deducir si está nervioso, si tiene prisa, si está escuchando una canción que le entusiasma (delatado por ese movimiento que hace con el pie o con los dedos de su mano derecha). 
Todavía más cerca, entonces es cuando se ven cosas mucho más allá, si te paras a observar a una persona durante unos cuantos segundos puedes observar su gesto, su mirada, si está contento, si tiene una mirada triste, si esa mirada se dirige a uno de sus acompañantes, si esa mirada es de amistad, de amor, de rabia, de alegría, de sorpresa..., si no está mirando a alguien que va con él pero su mirada se cruza con la de otra persona.Todo esto son pequeños detalles, en esos en los que no nos fijamos durante nuestra vida cotidiana. Pasamos por la vida, por la calle, por nuestro alrededor sin darnos cuenta de esos pequeños detalles que son insignificantes pero, a la vez, nos pueden decir tantas cosas. Ya no sólo es cuestión de observar a desconocido, sino de personas cercanas a ti que con una simple mirada, un gesto puedes saber lo que quiere, lo que le pasa, cómo se encuentra, si te necesita... 
Detalles que no siempre valoramos pero que están ahí y de los que, en el fondo, están formados la vida. De esos pequeños detalles que nadie valora pero que todo el mundo necesita.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Complejidad.

Somos complicadas, extravagantes, contradictorias, retorcidas... Decimos lo que no pensamos y pensamos lo que no decimos. A veces cuando decimos "no" queremos decir "sí", otras veces decimos exactamente lo que queremos decir. Podemos ser claras, directas, cortantes, amables, falsas. Muchas veces no decimos "te quiero" cuando queremos decirlo, nos arrepentimos de muchas cosas que hemos hecho y de otras muchas por no haberlas hecho. Algunas pecamos de inferioridad, otras de superioridad. Otras piensan que los hombres son más sencillos que el mecanismo de un reloj de arena (discrepo). Gritamos mucho cuando hablamos. Nos insultamos, nos elogiamos, nos criticamos. Cuando queremos guardar un secreto, podemos. Creemos que podemos confiar en nuestras amigas sin que ellas nos fallen y esperamos que ellas hagan lo mismo. Hablamos, hablamos mucho, hablamos demasiado, de echo, pero no es cuestión de lo que digamos, de la cantidad de palabras que utilicemos, de nuestro volumen a la hora de hacerlo. Cuando hablamos no sólo esperamos que os fijéis en lo que decimos si no también en lo que queremos expresar, muchas veces con una simple mirada se puede saber bastante más de lo que pueden decir miles de palabras. No es cuestión de lo que se dice es cuestión de lo que nos callamos, aquellas cosas que no decimos pero que otra mujer en seguida capta. Eso que no nos atrevemos a decir, que no queremos, que por cualquier cosa nunca va a salir de nuestros labios. 
No es cuestión de escuchar es cuestión de observar. De mirar más allá de lo simple, de lo sencillo, de lo que todo el mundo puede oír. De lo que todos pueden deducir. Nosotras siempre vamos un paso más lejos. 
Y sí, nos gusta improvisar, actuar, sin pensar en lo que puede pasar. Pero justo en esa milésima de segundo pensamos en todas las consecuencias, todos los daños colaterales, todo lo que conlleva. Nos gusta llamar la atención pero no nos gusta que todos nos miren. Queremos que nos digan cosas bonitas pero no queremos que nos digan lo que queremos oír. Queremos vivir el momento y pensar en el futuro. Nos gusta el calor, pero también el frío. La noche, pero también el día. 
Somos mujeres, somos personas, somos complejas. Y precisamente por ser personas nunca vamos a tener un manual de instrucciones para falicitarnos la vida.

sábado, 28 de enero de 2012

Cosas de la noche.

Había un personajillo "famoso" pero no famoso de los que recuerdan luego en la televisión durante años después de su muerte por sus grandes obras, su capacidad de interpretación, su léxico, su forma de vestir, de seducir a la cámara, etc. Si no de esos que tienen un famoseo temporal, de esos que se lían con alguien y tienen un boom de ser famosos, de esos que se les sube a la cabeza y se sienten acosados por los paparazzi pero que después de un mes o, a lo mejor (con algo más de suerte), en una semana, nos hemos olvidado de ellos. No como una tal Esteban , así rubia, con la nariz torcida y que cuando abre la boca arregla más todo el conjunto que forma, que por haber tenido una hija con un torero sigue en la televisión día tras otro destrozándonos los oídos con sus gritos y haciendo que acabemos con dolor de retina cada vez que escribe y nos deleita con su cultura. 


 Esta es la vida que hemos decidido elegir, sufriendo cada vez que pones ese canal entre las cinco y las ocho de la tarde, que si vas con cuidado te acuerdas de que no tienes que pasar por ahí, pero si te pillan desprevenida la has cagado, que lo mismo te succionan el cerebro y sólo de un pantallazo mueren más neuronas que si hubieras estado bebiendo tres días seguidos. 


Y es que últimamente, bendita tele, no ponen absolutamente nada. Esto es una tortura psicológica, además de  que nos han quitado esa famosa plataforma de descarga de archivos y de vistas en streaming, nos ponen una programación "estupenda" (ironía, para los poco espabilados). Podemos elegir entre una gran variedad pero al final siempre acabamos viendo lo mismo que hace diez año, ¿quién no ha vuelto a ver los Simpson? ¿ o se ve capítulos de Friends? Que sí, que es una serie que ha marcado una etapa en nuestra vida pero que la serie tiene sus años, es como ese profesional que no se quiere jubilar y al final se repite más que el chorizo que hacen en pueblo en época de matanza, de ese que se hace en las casas, en pleno Enero, con un frío que te puedes quedar congelado con sólo sacar una oreja del gorro ese que te han regalado los reyes; con el cerdo colgado de las patas de atrás, con una raya en el medio que le puedes ver lo que ha comido, lo que ha desayunado y lo que no ha digerido bien... Que cuando le matan se oyen los chillidos, en tu pueblo, en el de al lado y en la ciudad más cercana a unos 150 kilómetro a  la redonda. 



Bueno como me he ido del tema del título, como claramente se ve, ya casi que lo dejo para otra entrada porque sino veo aquí un testamento que ni el de la Duquesa de Alba con todas sus propiedades. 
Voy a terminar la primera frase porque dejarla así a medias quedaba feo. Si no la termino os preguntareis, ¿quién era ese famosete? ¿y qué decía? Pues tatataatataaaa (redoble de tambores): 


La noche me confunde mi negra. 
Perdona que te diga pero no es que te confunda es que el grado de alcohol en sangre alcanza unos grados que ni siquiera ves, oyes, hueles o sientes.