Esos días en los que un ser invisible te oprime el pecho, esos en los que te hundes en el sofá como si tuvieras arenas movedizas debajo de ti sin ninguna cuerda a la que poder aferrarte para no hundirte. Esos en los que nada sale bien, todo sale al revés y cuando intentas arreglarlo solo sirve para descubrir que lo estás haciendo lo peor posible.
Necesitas al silencio como único compañero en una habitación oscura donde la única luz que refleja tu rostro es la del ordenador que tienes delante y solamente porque escribir es el único antídoto para toda esta tristeza acumulada y sin sentido. Ni siquiera te sale la voz pero a pesar de todo es el momento en el que más personas encuentras en tu camino, en tu vida, vienen a buscar tu ayuda y tú la prestas, la ofreces, la regalas ocultando que en realidad el pozo del que intentas salir no tiene una luz que te indique la salida, ni pequeña ni grande. Todo negro.
La única solución a estos días es la música, las letras y la cama. Esperar a que pase rápido lo que queda y amputar ese pie izquierdo con el que te has levantado por la mañana.
martes, 10 de septiembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
Errores
Hoy me he dejado los complejos encerrados en casa, en esa habitación que he dejado atrás, justo al lado de la ropa tirada por el suelo y los tacones que no aguantan ya mi peso. Es el peso de la culpa, esa culpa que he decidido enterrar entre las sábanas, aquellas donde también te he abandonado a ti con ese ligero aroma a café que desprende tu piel por las mañanas.
Hoy salgo libre a la calle, sin maquillaje, sin tacones, sin faldas estrechas ni grandes escotes, simplemente me llevo a mi misma. Esa persona compleja que busca cualquier excusa para entregarse en unas pocas líneas que a veces tardan en salir pero que sigue siendo feliz con el simple hecho de escribir, que disfruta con los pequeños placeres como recibir una carta escrita a mano o con el olor a café por las mañanas. La misma persona que tiene los pies fríos en pleno verano y que no es capaz de mentir, que a veces prefiere estar sola para encontrarse mejor a sí misma o simplemente para disfrutar de la melodía de la soledad. Aquella que no es capaz de verbalizar todo lo que siente y que muchas veces no sabe qué decir, qué hacer, qué sentir pero que siempre sabe escuchar.
Y así, perdida en medio de la nada o de aquel gran todo es donde pretendo encontrarme a mi misma porque quizás todos esos defectos son los que conformen a las personas, somos un cúmulo de errores demasiado bien colocados. Errores que se conocen, se evitan pero siempre quedan allí porque de los errores se aprende, se intenta huir, pero de los errores, de esos errores llamados defectos, son de los que de verdad nos enamoramos.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Rimel corrido y poco maquillaje
Estoy en la barra de un bar oscuro, de esos donde solo se sirve whisky con hielo y alguna que otra ginebra. Sola, como de costumbre. Intentando olvidar que llevo un vestido demasiado corto para estos taburetes y el pelo demasiado despeinado para estar en la calle. Pero, ¿qué se puede pedir después de una huida?
He querido huir de mi misma, he querido correr más rápido de lo que estos tacones me permitían para poder escapar, pero entonces es cuando me he dado cuenta de lo absurdo de la situación y me he metido en este sórdido bar para refugiarme de la lluvia. Por lo menos es un bar de personas solitarias, ellas no me juzgan, ni siquiera han levantado los ojos de su copa para observar quién entraba por la puerta. eso me consuela, por lo menos así no me tengo que esconder.
Entonces me doy cuenta. Una lágrima ha caído en mi vaso de whisky con hielo, ¡qué locura!, a mi que ni siquiera me gusta el whisky. Pero en el fondo bebo para aclarar mis ideas y parece que en las grandes películas, esos clásicos en blanco y negro, funciona lo del whisky.
Me miro los pies, con esos tacones destrozados, y entonces me acuerdo de por qué he llegado hasta aquí. Lo último que recuerdo es que yo te mordí el cuello y tú me mordiste el corazón. Yo que te dije que no te enamoraras, que esas cosas no funcionaban conmigo. Entonces ese escalofrío recorrió mi espalda y me asusté. Y así, sin mediar palabra, con un beso en la mejilla y el deseo clavado en los ojos, empecé a correr. Y allí te abandoné, en medio de aquel callejón sin salida que nunca contará ninguna historia y con el asfalto como único testigo de mi flaqueza.
Puede que sea una de las peores cosas que he hecho en mi vida, pero acostumbro a huir cuando siento que algo de verdad puede herirme. Algunos pensaréis que huir es lo fácil. Mentira. Después de la huida vienen las llamadas, las preguntas, los reproches. Quizás estoy acostumbrada a esos amores que no dejan heridas, a aquellos que en realidad no dejan huella en la piel ni en el recuerdo. Aquellos que tal como vienen se van sin una despedida, sin promesas sin mentiras ni verdades, sin palabras. Con marcas de dientes en el culo y deseos incontrolables. No son mejores, quizás. No son los que nos prometen de pequeñas, lo siento pero hace demasiado que dejé de creer en los príncipes a caballo. No son eternos. No puedes esperar grandes conversaciones ni que te cambien la vida trascendentalmente porque no lo vas a conseguir. pero sabes que no volverán, que ni siquiera se asomarán por tu vida, que no tendrás que volver a enfrentarte a ellos, que ni siquiera vana a remover los cimientos de tu presente.
Pero ¿y ahora qué? Ahora que recuerdo el olor de tu piel cada vez que cierro los ojos, que siento tus labios cada vez que beso a otro hombre, que siento tu tacto con el roce de otros dedos. Algunos lo llaman amor yo todavía estoy buscando un nombre menos doloroso.
jueves, 15 de agosto de 2013
Precipicio
Tienes miedo, miedo a avanzar a mirar por el retrovisor y observar todo tu pasado, todas las malas decisiones y todos los errores que te han hecho caer tantas veces.
Miedo a dar un pequeño paso y caer directamente al vacío sin nadie que te levante al final, sin una colchoneta de seguridad esperándote abajo y ni una sola rama con la pequeña esperanza de que un mísero hilo de tu ropa se enganche en ella para salvarte. Ya no por que te lo merezcas o porque alguien quiera que así pase sino por mera casualidad.
Has dejado de creer en esas casualidades que antes veías cada vez que cruzabas cada esquina y que, sin motivo alguno, te hacían más feliz. "Las casualidades pueden ser el motor de la vida y de la felicidad" te decías al salir de casa. Pero ya no sientes, ya ni siquiera padeces por su ausencia, ahora todo da igual, todo deja de tener sentido sin esas sorpresas que te deparaba la vida. Ahora solo queda la certeza de que no va a suceder nada fuera de lo normal. Tu vida será gris y sombría, sin sobresaltos, sin sorpresas, en definitiva, sin una chispa que te pueda iluminar el rostro con una sonrisa inesperada.Una de esas sonrisas que de verdad cambian la cara de las personas, que hacen que el mundo se sienta contagiado por una felicidad ajena y que aunque no sea tu felicidad haga que el mundo parezca un mundo un poco más amable. Una felicidad sencilla, sin ninguna causa, simplemente felicidad. Esa que llega de una forma sencilla y te pellizca el corazón pero de la misma manera rápida e indolora se va, se esfuma y no queda ni siquiera su recuerdo. Como una foto quemada por el fuego, ya no existe y el recuerdo de esa imagen se va distorsionando a través del tiempo, cambia, muta. Porque un recuerdo nunca permanece tal y como sucedió siempre tendemos a modificarlo desintencionadamente, así todo se magnifica y parece que hemos vivido la vida de una forma más intensa, más visceral y menos racional. Autoengaño, así es como lo llamo yo a lo que otros llaman modificación de los recuerdos. nos gusta creer que hemos tenido una vida plena y feliz o desgraciada y e infeliz pero a nadie le gusta decir (ni escuchar) que se ha tenido una vida monótona, gris e insípida. Por eso antes de caer (o tirarnos) al precipicio debemos colorear nuestra vida de algún color. Podemos escoger el que mas nos guste ya sea negro o amarillo pero nunca dejéis de colorear la vida cada día, cada instante, cada momento porque al final de todo a otros oídos les gustará escuchar historias de vidas coloreadas ya sea de un solo color o de un arco iris entero.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Adicción.
El mundo se derrumba a tu alrededor, todo se desmorona poco a poco. Ves como todo cae, todo se desvanece. Cada milímetro que desaparece y cada gramo de vida que se va por el desagüe. Cada estúpido movimiento que no ha sido capturado y cada momento que, de alguna manera, has dejado correr.
Y, sin embargo, tú permaneces impasible en medio de aquel caos de mundo que gira deprisa. Permaneces estática e impasible como un muro de cemento viendo como las personas vienen y van, pasan con un rumbo fijo. Aparecen y desaparecen de tu vida. Tú, como si nada, como si el aire no te enredara el pelo y el frío no te congelara las extremidades. Como si el tiempo se parara y se hubiera congelado en medio de tu cara esa sonrisa de mármol. Una sonrisa que si te preguntan sabes que no sabrás justificar pero que, sin embargo, no puedes evitar. Esa sonrisa de saber que quizá no sabes la persona que eres pero al menos no te estás convirtiendo en la persona que no querrías ser.
Porque al fin y al cabo todos acabamos conviviendo con una persona de la que conocemos sus defectos y virtudes, sus manías, sus costumbres, su carácter y su bondad. Queremos a esa persona y nos aferramos a ella como a un clavo ardiendo sabiendo que si nos alejamos de ella todo se acabará. Intentamos cambiarla y, en muchas ocasiones, lo conseguimos. Pero al final, realmente cuando estemos derrumbándonos como el mundo que nos rodea estaremos más cerca que nunca de esa persona a la que realmente tenemos que cuidar: nosotros.
domingo, 17 de febrero de 2013
Ingenuos.
Somos tremendamente ingenuos al pensar que somos capaces de retener el agua entre las manos con la esperanza de que no se resbale entre nuestros dedos.
Ingenuos cuando creemos que al pisar la arena en la orilla de la playa, esta va a permanecer debajo de nuestros pies.
Ingenuos al intentar creer que podemos luchar contra el tiempo, contra la vejez, contra la muerte. Nadie quiere morir pero es más duro vivir teniendo presente siempre la certeza de la muerte que disfrutar sin más de lo que te puede ofrecer cada día.
Ingenuos al pensar que podemos esquivar los sentimientos. Que nuestra coraza permanecerá impasible a pesar de todos los que quieran derribarla. Al final se abrirá una grieta por un lugar u otro y caerá.
Ingenuos porque creemos que podemos solucionar los problemas de los demás pero en realidad no sabemos cómo manejar nuestros propios problemas ni nuestra propia vida.
Ingenuos al creer firmemente que podemos cambiar a las personas. Al afirmar para nosotros mismos que no ha cambiado porque no nos ha conocido. Pero en realidad sabemos que las personas no cambian, o aprenden a mentir mejor o actúan como sabe que se espera de ellos.
Ingenuos cuando tenemos la esperanza de que podemos manejar la lluvia, el sol, el viento. Que podemos mover montañas y podemos parar planetas.
Ingenuos cuando creemos que al pisar la arena en la orilla de la playa, esta va a permanecer debajo de nuestros pies.
Ingenuos al intentar creer que podemos luchar contra el tiempo, contra la vejez, contra la muerte. Nadie quiere morir pero es más duro vivir teniendo presente siempre la certeza de la muerte que disfrutar sin más de lo que te puede ofrecer cada día.
Ingenuos al pensar que podemos esquivar los sentimientos. Que nuestra coraza permanecerá impasible a pesar de todos los que quieran derribarla. Al final se abrirá una grieta por un lugar u otro y caerá.
Ingenuos porque creemos que podemos solucionar los problemas de los demás pero en realidad no sabemos cómo manejar nuestros propios problemas ni nuestra propia vida.
Ingenuos al creer firmemente que podemos cambiar a las personas. Al afirmar para nosotros mismos que no ha cambiado porque no nos ha conocido. Pero en realidad sabemos que las personas no cambian, o aprenden a mentir mejor o actúan como sabe que se espera de ellos.
Ingenuos cuando tenemos la esperanza de que podemos manejar la lluvia, el sol, el viento. Que podemos mover montañas y podemos parar planetas.
viernes, 26 de octubre de 2012
Primera lección: aprende a andar.
Tienes que ser fuerte, dicen, enfrentarte a todas las dificultades, aprender a levantarte después de cada tropiezo. Andar con la cabeza bien alta pero no ser orgullosa. No permitas que te pisen pero tampoco lo hagas con los demás al avanzar.
Avanzar. Lo tienes que hacer para poder sobrevivir en este mundo, esta selva de cemento, en el que detrás de cada edificio se encuentra un león acechando por si te flaquean las fuerzas. Diariamente te evalúan, te juzgan, te critican, te analizan pero a pesar de todo tienes que ir siempre con una sonrisa como un gran escudo para no demostrar esas grietas a través de las cuales te pueden atacar.
Ten mucho cuidado con lo que sientes y en las personas en las que decides confiar porque detrás de cada cara bonita, muy importante en nuestra sociedad superficial, puede haber un interior podrido. Pero, cuidado, tampoco te alejes demasiado porque esa cara te puede abrir alguna puerta que sin influencia estaría más que cerrada. Porque, en definitiva, lo que puedas ofrecer es lo de menos si no tienes una llave mágica.
Y entre todo este escenario, de realidades y de consejos, no te puedes permitir el lujo de quedarte en blanco en medio de la tarima porque los miles de ojos que te observan cómodamente desde sus asientos, siendo espectadores pasivos de todo, puede que decidan hacer un pequeño cameo ya sea para bien o para mal.
Mira fuera. Es la vida, Sólo tú puedes decidir si quieres que sea un drama o una comedia. La función ya ha empezado.
Avanzar. Lo tienes que hacer para poder sobrevivir en este mundo, esta selva de cemento, en el que detrás de cada edificio se encuentra un león acechando por si te flaquean las fuerzas. Diariamente te evalúan, te juzgan, te critican, te analizan pero a pesar de todo tienes que ir siempre con una sonrisa como un gran escudo para no demostrar esas grietas a través de las cuales te pueden atacar.
Ten mucho cuidado con lo que sientes y en las personas en las que decides confiar porque detrás de cada cara bonita, muy importante en nuestra sociedad superficial, puede haber un interior podrido. Pero, cuidado, tampoco te alejes demasiado porque esa cara te puede abrir alguna puerta que sin influencia estaría más que cerrada. Porque, en definitiva, lo que puedas ofrecer es lo de menos si no tienes una llave mágica.
Y entre todo este escenario, de realidades y de consejos, no te puedes permitir el lujo de quedarte en blanco en medio de la tarima porque los miles de ojos que te observan cómodamente desde sus asientos, siendo espectadores pasivos de todo, puede que decidan hacer un pequeño cameo ya sea para bien o para mal.
Mira fuera. Es la vida, Sólo tú puedes decidir si quieres que sea un drama o una comedia. La función ya ha empezado.
Etiquetas:
atacar,
avanzar,
comedia,
drama,
escudo,
grieta,
llave mágica,
oportunidad,
selva de cemento,
sentir,
superficial,
teatro,
telón,
vida
Suscribirse a:
Entradas (Atom)